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| "Curandera" by Carmen Lomas Garza. La virgen en esta pintura es la Virgen de San Juan, de mi pueblo. |
Unas cuantas veces al año, Doña Elvia y su familia se hospedaban en la casa de mis abuelitos y convertían el comedor en un cuarto de curación. Por un lado Don Pedro, su esposo, ponía los brebajes, pociones y hierbas sobre una mesa y se sentaba a un lado desde donde les daba las 'recetas' a la gente. En el centro del comedor, Doña Elvia permanecía sentada, siempre con una cubeta de agua al lado donde la vi desechar espíritus y malas vibras tantas veces. Siempre que llegaban al pueblo desde la ciudad de México se corría la voz, y pronto teníamos una larga fila de personas en la puerta esperando su turno. La mayoría venían por una "limpia" con la esperanza de que sus suerte cambiara. Doña Elvia les bañaba la frente con un aceite que aromatizaba toda la casa y los golpeaba con ramas de pirul mientras decía en voz baja oraciones en un dialecto extraño. Después les pasaba un huevo sobre todo el cuerpo y vaciaba el contenido de éste en un vaso de agua, enseñando a la gente la maldad que había recogido. En ocasiones los huevos tenían pelos, sangre, incluso clavos oxidados; cosas que yo no podía explicarme pues sabia que esos huevos venían de la cocina de mi abuelita.
Las sesiones que me daban más miedo eran cuando venia alguien que decía ser poseído. Doña Elvia se sentaba en su silla y meditaba, sus ojos se volvían blancos y parecía que alguien más tomaba su cuerpo. Poco a poco sobaba a la gente, quitandoles ese mal invisible y aventandolo a la cubeta de agua. Los poseídos gritaban y retorcían mientras la gente al rededor oraba en silencio. En la noche, después de haber trabajado todo el día, Doña Elvia y Don Pedro limpiaban el comedor, re organizaban los aceites y plantas, movían los muebles a su lugar, y Doña Elvia tiraba el agua de su cubeta en el patio. Esto ultimo me preocupaba demasiado pues no entendía porque Doña Elvia dejaba toda esa maldad, todos esos espíritus en el patio de mi abuelita. "No tire el agua ahí!" - le dije un día, temerosa "No ve que después van a venir por nosotros." Doña Elvia se rió, me dio unas palmadas en la cabeza y me dejo ahí, muerta de miedo...





